Reserva Aqui
De tal Palo, tal Astilla

Medio perdido en las primeras cuadras de Providencia, (detrás del NH me habían dicho, aunque en realidad está adelante), un pasadizo que resultó luego de la construcción de un curvo edificio de departamentos, se llenó de locales con distintas propuestas gastronómicas. Destaca al final del aireado pasillo el Bon, un café restaurante cuya marcha blanca recién terminó y que ofrece una comida distinta y entretenida para los habitúes del sector. Su chef y propietario, Patricio Vidal, egresó de la École Culinary, por tanto discípulo de Ariel Belleti y Jorge Ortega. Más aún, luego de finalizado sus estudios en Chile, viajo a Francia donde trabajó en el hotel- restaurante de Alain Nonnet, vicepresidente de Les Maîtres Cuisiniers de France y creador de la École Culinaire Francaise en nuestro país. Tras un año y medio aprendiendo sus técnicas, decidió hacer una parada en Canadá, para aprender inglés y llegó a Chile a asumir el puesto de chef ejecutivo en los comedores de la presidencia del banco BCI. De ahí, un paso: su restaurante propio. El Bon.
Minimalista en su concepción entrega sorpresas. Desde ya sus menú a la hora de almuerzo a valores significativamente económicos (de 3.100 a 3.900) del cual probamos una mussaka vegetariana de muy buena confección. Aparte, una carta de dos entradas, dos sopas, cuatro fondos y tres postres, pequeña pero muy decidora.
Cómo no, partimos con los aperitivos. Variados y novedosos. Desde un destacable pisco sour hasta un Grand Martini Bon, con vodka acaramelado, vermouth y limón. Éstos, disponibles también a la hora del after hour, horario ya adoptado por la colonia santiaguina, al igual que una selección de vinos de La Vinoteca, que ofrecidos por copas agregan un plus a la oferta del atardecer.
Mi almuerzo partió con un potaje de zapallo camote con gotas de yogurt natural (2.200). Suave y delicioso. Digno de esta fría temporada y un atino para los restaurantes que están incluyendo sopas en este invierno. El potaje, acompañado de una copa de cabernet sauvignon Toro de Piedra 2005 de viña Ramirana, una gran forma de comenzar un distendido almuerzo. Quizá faltó el detalle del pan recién horneado, calientito, ya sea del congelado o no, que no puede faltar para los que gustan de las sopas.
También probé una ensalada de crocantes de queso brie sobre hojas verdes, con champiñones, pimentones y pasas, aderezado con vinagreta francesa y una reducción de aceto (4.100). Un verdadero "almuerzo" para la gente light y temerosa de la acumulación de grasas.
De los fondos deguste un filete de corvina a la plancha sobre un sabroso risotto de callampas con lonjas de queso parmesano, tomates cherry y pesto de hierbas que me encantó (5.200). A decir verdad, me sobraron los tomates cherry ya que la combinación corvina- risotto era espectacular. Aquí, en este plato se nota la rigurosidad de las enseñanzas de la École y de Alain Nonnet. No es precisamente un plato de ascendencia francesa, pero la intensidad de sus aromas y cocción es perfecta. Tanto como la "picaña" que degusté. De origen brasileño, un corte burdo de punta de picana braseada en una reducción de cabernet sauvignon, con cebollitas perla y zanahorias (5.800), me traslado a los típicos bistrós franceses, donde el sabor lo da la calidad del producto y la confección de las recetas. En el fondo, una comida casera casi imposible de hacer hoy en día en casa. Sin embargo, vale la explicación que su cocina es sólo de "inspiración francesa" ya que su recetario aborda otras cocinas del mundo.
El chef y su mujer, Carla, están a cargo de este nuevo emprendimiento. Me entretiene y me gusta encontrar estos nuevos negocios donde por un precio módico se pueda comer bien hasta una crème brûlée (2.500) y no reventar la tarjeta de crédito. Que le falta, es cierto, aun hay detalles. Pero pocos. Lo importante es que nadie va a salir defraudado del Bon, un lugar que ya tiene sus habitúes y que de a poco se está conociendo. (Juantonio Eymin. Fotos, Gastón Bezanilla)



